La arrogancia de la medicina preventiva por David L. Sackett

CMAJ 2002 ; 167 (4) August 20 : 363-364
La medicina preventiva presenta los tres elementos de la arrogancia. El primero es que es agresivamente asertiva, persiguiendo a las personas sin síntomas y diciéndoles lo que tienen que hacer para permanecer sanos. En ocasiones, y apoyándose en el valor de la ley  (vacunas, cinturones de seguridad), [...]

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Protección de Datos tumba una de las tesis de la Guardia Civil contra Isadora

Agentes del instituto armado adujeron para citar a pacientes que la clínica de abortos tiró historiales a la basura - Animaron a las mujeres a denunciar al centro
 
No había en la basura o en la calle o a la vista de cualquiera ni un listado de mujeres con sus datos personales ni restos de fetos [...]

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Desarrollan un software que mejora nuestra inteligencia fluida

“Brain Twister” aumenta hasta un 40% la capacidad para resolver problemas

Investigadores de la Universidad de Michigan han desarrollado un software, llamado “Brain Twister”, que es capaz de hacernos más inteligentes. En concreto, sus creadores sostienen que su desarrollo mejora nuestra “inteligencia fluida”, o sea, nuestra habilidad para razonar rápidamente y resolver problemas a los que [...]

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La empresa Pascual mantiene la falda en sus uniformes. Cambian la cofia por el gorro, pero no la falda

La dirección de la empresa Pascual ha hecho público un comunicado en el que se informa de las nuevas decisiones sobre el vestuario de sus trabajadores. Tras el estudio, exigido por la Inspección de Trabajo, se ha decidido cambiar la cofia por el gorro sanitario. Sin embargo, no se hace mención a la falda en [...]

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EEUU: aumentan las diferencias en la esperanza de vida

La esperanza de vida no está aumentando de manera constante y uniforme en los EEUU. Una investigación muestra que entre 1983 y 1999, los índices de mortalidad para las mujeres aumentaron en varios condados pobres y, en general, las disparidades geográficas y raciales en la esperanza de vida empeoraron en todo el país. El estudio [...]

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¿Qué ocurre en la mente de un pedófilo?

La condición de víctima y experiencias nocivas en la adolescencia están en el origen de la patología
¿Qué ocurre en la mente de un individuo para que se excite tocando a un menor? Los expertos no han dado aún con una respuesta clara para explicar esta patología, la pedofilia. Apuntan hipótesis: experiencias nocivas en la adolescencia [...]

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Tratamientos sin aprobación de autoridades sanitarias. Estafas a pacientes

Polémico. El doctor Sergio Goldberg trabaja en el Hospital Güemes y sus tratamientos son cuestionados por la Justicia.
 
 
Procedimientos médicos cuestionados. Tratamientos sin aprobación de autoridades sanitarias. Estafas a pacientes. Hechos que “ponen en peligro la vida de personas” son las acusaciones que contienen varias causas judiciales que investigan el desempeño de profesionales del servicio de [...]

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Ha muerto Carlos Cristos, médico e inspirador de ‘Las alas de la vida’

EFE
MADRID.- Carlos Cristos, el médico protagonista e inspirador del documental ‘Las alas de la vida’, falleció el 26 de abril a los 51 años en su domicilio de Sa Cabaneta (Mallorca).
Médico de familia comprometido con la sanidad pública, su visión humanista de la medicina le llevó a realizar también tareas de divulgación, con un espacio [...]

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Irracionalidad predecible

El libro del investigador Dan Ariely relata cómo la gente es predeciblemente irracional en determinados tipos de situaciones.
Hay una gran diferencia entre estar rodeado por el fuego en una explosión en Israel o dejar un billete en el refrigerador de un dormitorio del MIT. Pero de una extraña manera esas dos cosas están conectadas.
Conexiones [...]

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“Un jefe incompetente es la principal causa de estrés”

Iñaki Piñuel  Autor de ‘La dimisión interior’.
Iñaki Piñuel, experto en moobing, alerta sobre las consecuencias negativas de que una organización sea dirigida por un mal jefe. Consciente de que el management no es una habilidad innata, Piñuel defiende la formación en ella como medida para combatir los riesgos psicológicos en el trabajo.
 Raquel Goig / Madrid.
En [...]

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El 30% del envejecimiento patológico se puede evitar con medidas preventivas

Oviedo acoge entre el 16 y el 18 de abril la Tercera Reunión Nacional de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica, que abordará las principales cuestiones que más afectan a los ancianos españoles
 
Madrid, 18 abril 2008 (mpg/AZprensa.com)
Aunque hoy por hoy no hay nada que frene el envejecimiento, sí es posible llegar a una edad avanzada [...]

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El enfermo mental no es más violento que el sano

El horrible crimen de un esquizofrénico reabre el debate: ¿debía estar encerrado? - Los expertos prefieren al enfermo libre y bajo tratamiento, pero faltan psiquiatras
MÓNICA SALOMONE 19/04/2008
Un hombre en tratamiento psiquiátrico decapita a su madre y se pasea con la cabeza envuelta en un trapo bajo el brazo, como ha ocurrido esta semana en Murcia. [...]

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Antioxidantes: “no sirven”

Mucha gente alrededor del mundo compra y consume suplementos antioxidantes en la creencia de que éstos prologarán sus perspectivas de vida.

Los suplementos antioxidantes no tuvieron ningún efecto en la mortalidad de la gente.

Sin embargo, una nueva investigación no encontró ninguna evidencia científica que apoye dicha idea.
Se piensa que los antioxidantes protegen a las células del [...]

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Dónde está el origen de la violencia?

Cuerpo Humano, Nuevas Fronteras Comments (0)

Dónde está el origen de la violencia? sorprenden en los primates y homínidos: la violencia agresora en los humanos y chimpancés, la tolerancia social en los humanos y en los bonobos y el erotismo de estos últimos, que es mucho menor en el hombre. La verdad es que sólo hay dos grupos de mamíferos, los chimpancés y los humanos, en los que los machos se agrupan para matarse entre sí. Los orígenes de la violencia no son el reflejo de una expresión falaz de algún instinto ancestral, sino que es el resultado del desarrollo cognitivo. La inteligencia transforma el afecto en amor y también la agresión en castigo y ganas de controlar.

Habría que empezar por el comienzo. Hay tres cosas que

La observación básica es extraordinaria. Sólo hay dos especies de animales en el mundo en las que el macho tiende a vivir en grupos con sus familiares más cercanos y en los que a veces estos machos salen y hacen expediciones para matar, deliberadamente, a los miembros de otros grupos. Los dos animales a los que me refiero son los humanos y los chimpancés. Nosotros y nuestros familiares más cercanos. Hay otro colectivo, el bonobo, que está tan cerca de nosotros como el chimpancé y que no muestra este tipo de comportamiento. Todo da a entender que la inteligencia forma una parte importante de todo esto.

La contribución insólita de Richard Wrangham –biólogo y primatólogo de la Universidad de Harvard– al estudio del origen de la violencia en los humanos fue el papel que juega la inteligencia. Se necesita inteligencia para planear todo el calvario que entraña impartir la violencia cruel. Pero también hay un poco de nuestra psicología y de la psicología de los chimpancés; me refiero a los machos en particular, pues si reconocen que otro individuo es un enemigo y que hay un desequilibrio de poder, se sienten excitados ante la perspectiva de atacarlo y eliminarlo. Esto es a la vez inteligencia y psicología, cálculo y visceralidad.

De nuestros primos los bonobos aprendimos, en cambio, una lección y es que la evolución no tiene por qué ser así necesariamente. Podemos tener una especie muy cercana a los chimpancés, como los bonobos, que nos muestra, sin embargo, que un pequeño cambio en la ecología lleva a un gran cambio en el comportamiento. Tiene que ver con cosas divertidas desde el punto de vista humano. Como es bien sabido, los bonobos tienen mucha más emancipación respecto del sexo reproductivo que los chimpancés. Sexo con propósitos sociales, para hacer amigos, para reconciliarse después de cierta tensión. No es como en los humanos, pero hay ciertas similitudes. Lo importante es que nos dicen que, en determinadas condiciones, la selección natural no favorece la violencia. ¿Y cuáles son las condiciones? Cuando un individuo previsiblemente tiene aliados para defenderse.

En mi libro titulado El viaje al amor desvelé que el instinto de fusión entre dos organismos, lo que los homínidos llaman ‘amor’, se remontaba nada menos que a más de tres mil millones de años, cuando los primeros seres replicantes buscaban la manera de aumentar su energía, su velocidad o la regeneración de sus tejidos mediante la fusión con alguien más. Sabíamos que el amor era el resultado de la inteligencia necesaria para garantizar la supervivencia; y de ahí que, en lugar de desprendimiento, constatemos en él la necesidad de completar la capacidad regeneradora, aumentar la velocidad o el tamaño ya en los tiempos primordiales. Lo que no sabíamos es que la violencia agresora también requiere una dosis de inteligencia, al querer algo de tan difícil diseño y ejecución como castigar y controlar.

Eduardo Punset

Via XLSemanal

Dr_RVillanueva @ December 21, 2008

TRES DÍAS EN URGENCIAS: «Sientes que has perdido tu dignidad»

Denuncia, Espagna, Opinion/Entrevistas, Otros Comments (0)

Un periodista de La Voz permaneció tres días en la unidad de Observación del Juan Canalejo. En su relato se mezclan lo duro de su situación con la abnegación de sus trabajadores

Miguel Sande 13/6/2008 

Fue una experiencia dura, dura de verdad. Tres días con sus noches en Observación, en el área de Urgencias del Hospital Juan Canalejo -los pasados 28, 29 y 30 de mayo; esta última jornada coincidió con la inauguración de la nueva UPI (unidad de Preingresos)-. Tres días en el lado amargo de la vida: el del sufrimiento. Había, además, saturación; un trasiego incesante de accidentados y enfermos.

Primer día. Huele a enfermo nada más entrar. La sala de Observación, amplia, dividida en estancias abiertas con zonas para hombres y mujeres, está repleta; no hay camas. A los últimos nos acomodan en sillones numerados, me toca el 11. A mi lado, en el sillón número 10, está un joven inquieto; muy nervioso. Tiene los ojos como en sangre. Le repiten que se ponga la camisola de hospital pero pasa de las indicaciones, anda de aquí para allá; come y en un descuido se va; escapa con la manzana de postre en la mano.

Después de una larga espera de más de dos horas un médico joven y atento me lleva al final de la sala hasta una habitación cerrada con dos camas, una está libre; en la otra yace un cadáver. Lo asume con naturalidad. Optamos por otra habitación próxima para la exploración. De vuelta al sillón número 11, dos agentes de policía custodian a un enfermo con esposas. Los demás estamos sujetos cada cual a una bolsa de suero. En ese sillón echo desde el mediodía hasta las 2.30 de la madrugada. A esa hora se dispone de una camilla más al pie de cuatro camas. Lo agradezco. La necesidad obligaría de madrugada a empujar aún mi camilla contra la pared del fondo para hacer sitio a otra con un transeúnte polaco, atado, debido a su estado de ansiedad y excitación. La primera noche entre quejidos y algunos vómitos de enfermos parece no tener fin. Llueve contra la ventana ciega y no sé de dónde caen algunas gotas. Se repiten gritos de dolor toda la madrugada; alguien delira y llama una y otra vez por un tal Sergio; tenemos a Sergio, Sergio, Sergio, fijado en la frente. No se rinde. De madrugada sigue el transitar de camillas con enfermos; realmente, apenas se distinguen la mañana de la tarde y la noche; al final a uno lo vence el cansancio.

Segundo día. Me despiertan los vómitos de un anciano en la cama de al lado. Se quita la camisa del pijama y queda en pañales. Amanezco con un conejo lleno de orina sobre una repisa. Aquí uno se va orientando por los turnos del personal sanitario más que por el reloj. Esos turnos son los que marcan el ritmo y el tiempo. A mi alrededor cambiaron casi todos los enfermos, salvo el mendigo polaco que sigue atado a su camilla. Atravesar este espacio de urgencias para ir al lavabo es ir viendo una sucesión de penurias hasta casi la puerta misma del servicio.

Dignidad

Llega un momento en que dejas de ver, supongo que cuando uno está a punto de sentir que se pierde la dignidad. La dignidad se pierde, tienes al menos esa sensación, cuando dejas la ropa en la inseparable bolsa de plástico. Pero vas a luchar contra esa sensación hasta el último momento, aunque por sujetar en lo alto la bolsa de suero más de una vez los pijamas caigan hasta los pies.

El olor. Esa mezcla a orina y a sudores. A enfermedad. Difícil de olvidar. Las enfermeras son atentas; cercanas. Tienen mucha paciencia, cumple decirlo; deben tenerla. Me sorprende que en el mostrador situado en el centro de la sala el personal sanitario esté preparando una fiesta, por lo que pude oír, y organizando lo que tiene que aportar cada cual en pinchos con total naturalidad. Extraña que en ese ambiente a alguien le apetezca hablar de comida. Será la costumbre, imagino. Algo semejante nos ocurre a los periodistas con los sucesos. El cuerpo acaba por adaptarse y se sobrepone e incluso aquí se acaba sintiendo al final el hambre. Las visitas están restringidas. Aquí vale, sobre todo, la fortaleza de uno mismo. Por la tarde abandono la camilla en la que dejo incrustados parte de los huesos y paso a una cama. Es todo un avance. Al menos psicológico. En la cama de al lado, a mi derecha, está un joven con la cara ensangrentada, profundamente dormido; viene un par de veces el psiquiatra a intentar hablar con él. A la otra cama traen a un anciano en coma. Me impresiona su respiración ruidosa, de máquina, a veces lo convulsiona.

Naturalidad

El polaco atado a la camilla no cesa de gritar. A la última cama, en esta misma fila, llega un accidentado en un siniestro de tráfico. Se precisa ser fuerte. La vida también debe ser esto. Ayuda, fíjense, la naturalidad de las enfermeras ante este panorama. Primero sorprende, después ayuda.

Anochece por la ventana ciega cuando se une otra camilla con un joven negro, que intenta levantarse una y otra vez, y acaba golpeándose la cabeza contra la pared. Jamás creí que sería capaz de dormir en una situación así, pero al final te rindes ante el cansancio. Sucumbes.

Tercer día. Me despiertan las voces del personal sanitario junto al mostrador. Hay bullicio, un movimiento extraño; inquietud. Y ruido. Están llevándose los sillones numerados de la entrada; el sillón número 11 y diecinueve sillones más. Venía la conselleira a inaugurar la nueva UPI y donde estaban los sillones lo ocupan ahora las mesas auxiliares en las que comen los enfermos, debidamente encajadas unas en otras.

Había desplegadas cortinas en la zona habilitada para las mujeres enfermas ante la posibilidad de que la conselleira visitara esta sala de Observación. Y ambientador. No vino. O no la vi. Un joven, hijo del anciano en coma, lo llama inútilmente, pero aun así insiste. El hombre solo se convulsiona. Cuando el joven marcha, el hombre desnudo, que tiene las manos atadas para que no se arranque el pañal, casi se ahoga en su vómito. Su estado arranca un lamento incluso de una joven facultativa que lo atiende. Las auxiliares que lo cambian bromean con una compañera que llega de turno ante la situación que le espera. Aun así el anciano no pierde su dignidad. Mientras luche, aunque sea en pañales, a las puertas de la muerte.

Salir

Otro anciano, malhumorado y mal paciente, se empeña en vestirse y marchar; acaba agrediendo a una enfermera. La agarró por el cuello y vienen a reprenderle los guardias de seguridad. Un tercero invita a La Solana a la auxiliar que le está cambiando el pañal y la sábana. Noto que estoy al límite de mi capacidad; es el tercer día aquí y me parece estar preparado -erróneamente, claro- para ir a una contienda, pero no para seguir en esta sala. Comienza a faltarme la fuerza, sujeto a la bolsa de suero. Al fin escucho mi nombre. Voy a salir de esta sala.

Viene la fuerza; el ansia. Hasta la sonrisa. Miras al anciano en coma, ajeno, forzando el respirar de máquina, y aguantas. Aguantas hasta que al fin hay cama en planta. Sales y parece que te lleven al paraíso.

Allí, en la décima, anoto estas líneas. Es la crónica de una experiencia dura, acaso por primeriza; seguramente la situación haya cambiado ya con la nueva UPI. He de agradecer la atención sanitaria y médica.

PUBLICADO POR La Voz de Galicia

Dr_RVillanueva @ June 15, 2008

¿Es delito el contagio del virus del sida?

Derechos Salud, Espagna, Europa, Francia, Internacional, Legales Comments (0)

Un hombre es condenado a tres años de cárcel en Francia por contagiar a su pareja

En España existe jurisprudencia que defiende a las víctimas

“No estamos obligados a decirlo”. Ésa ha sido la defensa de un hombre francés que ha sido condenado a tres años de cárcel por transmitir el VIH a su novia. La pareja, según cuenta la web de Le Post, había convivido durante nueve meses en los que habían mantenido relaciones sexuales sin precaución pese a que él sabía que estaba infectado. La noticia ha despertado el debate en el país galo ¿es un delito la transmisión voluntaria del virus del sida?

 Campaña de prevención del VIH del Ministerio de Sanidad.

En España, la respuesta es sí. “En el ordenamiento jurídico español no existe una norma que obligue a informar sobre el estado de salud de la persona pero eso no significa que no haya instrumentos que protejan a las posibles víctimas”, explica Josefina Alventosa, presidenta de la Asociación Española de Juristas del SIDA - Jurisida, integrada en la coordinadora CESIDA. Durante años, el Código Penal contemplaba el delito de ‘transmisión maliciosa de enfermedades’ pero acabó desapareciendo porque era difícil determinar qué se considera malicioso.

Sin embargo, tanto el Código Penal como el Código Civil incluyen normas que pueden condenar a los responsables de este tipo de contagios y que en España ya han creado jurisprudencia. En 1996, un hombre portador de VIH fue condenado a un año y medio de prisión menor por no haber tomado precauciones en las relaciones sexuales con su novia pese a conocer que era portador del virus. Ella lo demandó por un delito de lesiones, alegando que había sufrido un daño físico y moral y los tribunales le dieron la razón. El hombre, además de hacer frente a la pena de cárcel, fue condenado entonces a pagar una indemnización de un millón y medio de pesetas, una multa que ascendería a ocho millones y medio si ella desarrollaba la enfermedad.

Responsable aunque no conozca su enfermedad

En el anterior caso se pudo demostrar que él era conocedor de la enfermedad y que suya era la responsabilidad del contagio pero ¿qué ocurre si la persona que transmite la enfermedad no sabe que está contagiada? ¿Debería considerarse un delito? La Justicia española sigue creyendo que sí.

En 2001, un hombre fue denunciado por su esposa por haberle contagiado el virus del sida. La pareja se separó durante un tiempo en el que el marido contrajo la enfermedad a través de prácticas homosexuales de riesgo. Después de un tiempo, la pareja retomó la relación y él le transmitió a ella la enfermedad sin saber que era portador del virus. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca lo encontró responsable por considerar que, aunque ignoraba que era seropositivo, no podía desconocer que las prácticas sexuales de riesgo y la no utilización de medidas de protección puede llevar a un contagio. El hombre fue condenado a pagar una multa de cinco millones de pesetas por daños a la persona.

España no tiene una jurisprudencia muy amplia en este tema pero, hasta el momento, las denuncias que se han presentado han servido para condenar a los responsables del contagio. Además de los dos casos citados anteriormente, sólo se conoce otro más: esta vez, una mujer condenada en 2004 a prisión y una multa de 100.000 euros. Pese al apoyo de los tribunales, las penas varían mucho dependiendo de la situación personal de las dos partes. El contagio no se considera delito si la víctima se ha expuesto a un peligro evidente como compartir una jeringuilla o tener relaciones sexuales esporádicas sin tomar protección alguna.

“En los casos de parejas estables no se puede considerar que las víctimas se hayan autoexpuesto a un peligro por no utilizar protección”, explica Josefina Alventosa. “Una persona no puede estar continuamente planteándose si su pareja está contagiada o no. Es una cuestión de confianza que prevalece por encima de otras cuestiones”.

Por MARI LUZ PEINADO (SOITU.ES) Actualizado 26-05-2008 18:32 CET

Dr_RVillanueva @ May 27, 2008